Fecha: 09/05/2019

SETTIMIO BENEDUSI, LA FOTOGRAFÍA EN TELA DE JUICIO

Breve historia de un fotógrafo que ha escogido la ruta de la verdad

Si hubiese vivido hace un siglo, hoy lo definiríamos como dadaísta. Pero Settimio Benedusi, fotógrafo rompedor, es algo todavía más distinto, es un sincero de profesión. No le gusta condecorarse con títulos, en su opinión, inmerecidos, pero tampoco le da miedo poner en tela de juicio a la propia fotografía, aun siendo su oficio principal.

Benedusi ha trabajado para revistas muy conocidas, como Sports Illustrated (es el único italiano que ha participado durante 7 años consecutivos en la edición internacional), Panorama y Vogue. Pero a pesar de haber cosechado una notoriedad indiscutible, nunca ha dejado de ser un investigador perspicaz que no teme indagar en su medio, incluso a costa de sacar a la luz las limitaciones y problemáticas del sector.

En 2014, con la obra Amore Rivelato, pidió a su barbero que tomase fotografías vendado, una de las cuales salió publicada en Vogue Italia. La interrogación implícita de los trabajos de Benedusi es clara: ¿realmente necesita la fotografía de un fotógrafo para comunicar? Y si esto lo dice un fotógrafo, se pone en tela de juicio su propia razón de ser.

Ecléctico y rompedor, Settimio no duda en aventurarse en iniciativas nuevas, a menudo de naturaleza situacionista, en las que jugar con lo inesperado se convierte en una oportunidad para crear nuevas formas de comunicar. Y para ello no se vale únicamente de la fotografía. De hecho, es uno de los primeros fotógrafos que creó una web: desde 2003 mantiene un blog personal en el que registra sus pensamientos, reflexiones e incluso inventivas de las que emergen su franqueza y su inmediatez.

Nacido en Imperia, reside en Milán desde hace más de veinte años. En 2016, Benedusi volvió a poner su pasión a prueba de una forma muy original. Su idea de recorrer a pie la distancia entre las dos ciudades, al inicio de forma puramente simbólica, se convirtió en una oportunidad para responder a una pregunta que le agobia: ¿el fotógrafo sigue teniendo algún valor? La respuesta es "sí". De hecho, durante los diez días de recorrido, intercambió alojamiento y comida con las familias con las que se fue encontrando por lo que mejor sabe hacer: retratos.

Y es que el amor más grande de Settimio son los rostros: conocidos o menos conocidos, jóvenes o surcados por las arrugas de las emociones que los han invadido, miradas afables o volitivas... Benedusi retrata a quienes acepten ofrecerle la vulnerabilidad desnuda de su propio rostro. Su respeto porcada sujeto fotografiado le lleva a mostrar sus personalidades con discreción y tacto, porque Settimio pone su arte al servicio de una historia colectiva en la que la humanidad puede narrarse a sí misma y, a través de este relato, aprende a descubrirse como si estuviese delante de un espejo.
SETTIMIO BENEDUSI, LA FOTOGRAFÍA EN TELA DE JUICIO