Barcolana: la histórica regata

05:50 h: mi Barcolana empieza aquí.

El despertador suena antes del amanecer. El tren llega puntual a Trieste. Cuando se abren las puertas, me invade ese olor inconfundible de carriles y travesaños viejos, mientras la Bora deja bien claro quién manda ahí. Me enfundo en mi chaqueta de tejido elástico mecánico Winter Siffert, con las manos en los bolsillos y la capucha fluorescente (mejor hacerse ver) puesta.

Las costuras termoselladas para protegerme, con suficiente acabado a prueba de viento como para disfrutar solo de sus beneficios y afrontar con decisión la histórica regata de la Barcolana y, después, la atmósfera de la Trieste nocturna. ¿Me atrae más la regata o la ciudad? No importa. Una refuerza la magia de la otra y yo saboreo las dos. Backpack A234 —un código fácil de recordar—: con ella al hombro, me dirijo a pie hacia el corazón de Trieste, hacia la regata pop más grande del mundo.
Barcolana: la histórica regata
Barcolana: la histórica regata
Este año son 50. He hecho al menos 10 salidas así, hacia aquel Golfo que en un solo día acoge a más de 2.000 barcos. Los espectadores son incontables. Cada edición es inolvidable, pero esta es irrepetible, es un icono. Es como para gritar «¡yo estuve ahí!»

Estoy en primera fila, abro mi mochila high tech Slam y saco de los bolsillos internos la cámara de fotos para inmortalizar esa línea de salida que me emociona cada vez. Profesionales junto a simples aficionados, como yo o más que yo, porque se aventuran a salir al agua mientras que yo observo desde una posición increíble que me he creado entre una pared y una columna. Mi mochila resiste al agua y a la sal, pero también a las abrasiones, y puedo estar ahí, lo más cerca posible.

Slam vuelve a ser Patrocinador de Oro en esta 50.ª edición de la Barcolana. Y, dado que mi chaqueta Winter Siffert y mi mochila Backpack son de Slam, yo también me siento como uno de los patrocinadores. Es como decir: Slam I am.

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