Azzurra, un barco que no necesita presentaciones.

Un nombre en los corazones de los apasionados, un barco de vela de 16 metros de la clase internacional Transpac 52. A bordo, la pasión está en cada ola, en cada meta alcanzada, en los golpes de viento, en la sal sobre la piel, en la competición, en las actuaciones, en la armonía del equipo. Porque la victoria está ahí, en el azul del mar, y hay que hacerse con ella con esa vocación que solo tienen los campeones.

Por ello, Slam apoya al equipo italoargentino Azzurra. La tripulación compite con las prendas técnicas náuticas y los zapatos técnicos Wind-D. Este último es un zapato de suela ligera y drenante, con una importante resistencia y una textura que da lo mejor de sí cuando se moja.

El zapato de vela Wind-D presenta características únicas de ligereza, fijación y drenaje. Su innovador entramado es de nylon: si se moja, se seca rápidamente. La suela es de goma y no resbala sobre el suelo mojado, porque la sujeción a bordo es fundamental: ¡hay que moverse rápidamente y no puede haber ningún margen a la incertidumbre! Además, es «no marking», lo cual es fundamental para evitar arañar la cubierta del barco.
Azzurra, un barco que no necesita presentaciones.
Azzurra, un barco que no necesita presentaciones.
Es muy ligero gracias al phyton, un material fino, amortiguador y flexible. «Hemos añadido la parte de drenaje —nos explica Lorenzo Cogo, el diseñador de Vibram con el que Slam ha colaborado para la realización de la suela—, compuesta por unos orificios que permiten la salida del agua.» Esto supone una ventaja en términos de transpirabilidad, pero es fundamental cuando el zapato se llena de agua: de esa forma, el agua no se estanca, se seca antes y el pie no permanece empapado.

El 21 de julio, Azzurra estuvo cerca de conquistar el Mundial, clasificándola solo por detrás de Quantum, en el circuito más competitivo para barcos monocasco: el Rolex TP52 World Championship de Cascais, Portugal. Viento fuerte de hasta 25 nudos, planeos llenos de adrenalina y un primer puesto no conseguido por los pelos. Un cara a cara, con los Wind-D en los pies de todo el equipo: porque el atleta nace, pero el campeón se hace, gracias entre otras cosas a la tecnología que respalda y asiste a cada resultado.

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