Andrea Fantini: I have a dream

Andrea Fantini es un deportista de vela al que le apasiona el chocolate y las aventuras. Por sus venas fluye el mar. Mente llena de cultura, estudios clásicos y una licenciatura en Farmacia, corazón abierto al mar. Desde niño iba en barco con sus padres y leía los libros de los navegantes solitarios de la famosa regata Vendée Globe. A los 18 años empieza a navegar, pero su auténtico desafío llega a los 23 años, con la primera travesía por el Atlántico.

Desde entonces, nunca ha dejado de navegar. Ha tenido grandes maestros, entre ellos, Giovanni Soldini. Éste lo definió como un hombre crudo y directo, pero que insiste en seguir adelante sin rendirse nunca. Navegar con él fue una experiencia inolvidable que repetiría mañana mismo.

Para Andrea, el mar es un desafío maravilloso, pero no contra el agua, porque esa sería una competición perdida: es un desafío consigo mismo, contra sus propios límites. El miedo en el mar es importante, es lo que nos permite entender nuestros límites y superarlos.

La Transat Jacques Vabre. Un parón inesperado que nos hace reflexionar... ¿Por qué dejamos que el mar se hunda así?

«En ese momento se produce una gran incredulidad, en plan “no puede ser, no puede ser verdad... ¡nos tenía que pasar justo a nosotros!“. Luego viene la frustración, porque te ves obligado a tomar una decisión durísima pero inevitable, la de retirarte de la regata. Y te parece que has tirado por la borda meses, o incluso años, de trabajo y esfuerzo. La fase siguiente, es la de rabia combinada con tristeza, cuando te das cuenta de que aquello con lo que te has topado probablemente estaba allí por culpa del hombre.»
Andrea Fantini: I have a dream
Andrea Fantini: I have a dream
Durante la competición de vela transatlántica por duplicado «Transat Jacques Vabre», en noviembre de 2017, Andrea Fantini y su copatrón Alberto Bona se vieron obligados a retirarse por una colisión con un objeto flotante no identificado. Vamos, un OFNI, de esos que dañan no solo el casco de los barcos, sino también la belleza de nuestros mares. Un parón inesperado que los obligó a tomar rumbo a Portugal: después, los daños del timón obligarían a los dos deportistas de vela italianos a retirarse.

«Estamos navegando bien, el barco en equilibrio y yendo rápido, la moral alta; vamos estupendamente, en el grupo de los primeros. Después, notamos un golpe seco y fuerte, e inmediatamente nos damos cuenta de que no es uno de los mil ruidos que hace el barco, sino uno distinto de los demás. Disponemos de un instante para entender lo que ha pasado, qué hacer y cómo hacerlo. Las emociones son para después: primero hay que concentrarse en las maniobras para asegurar el barco, solucionar la avería y evitar perder el timón. Luego te enfadas mucho, porque aunque ya sabías que el mar está lleno de plástico, objetos, todo tipo de basura que nosotros hemos tirado ahí... cuando se te viene encima en serio y, en primera persona, te das cuenta de que hablar de ello sensibilizar y actuar nunca es suficiente. No podemos bajar la guardia porque, al igual que las olas, todo lo que hacemos se vuelve en nuestra contra. Será el destino, la naturaleza. Pero somos nosotros quienes la pagamos, y no entiendo cómo puede haber alguien que no comprenda un concepto tan sencillo.»

Andrea tiene una excelente relación con el mar: no tanto de desafío, sino de respeto. Si Andrea ve un delfín o una ballena, se emociona como un niño. Para él, el mar que está ahí fuera siempre es algo extraordinario: es un privilegio poder vivir de esta manera, libre, inmerso en una naturaleza que debería estar impoluta. Por eso, la colisión con el OFNI no fue solo una limitación para su travesía, sino también algo más: un choque con una realidad en la que el mar es poco respetado por la humanidad. El mar, que cada día ofrece un espectáculo emocionante, para quien lo vive y para quien lo surca.

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